diez canciones para Woolloongabba


Woolloongabba y el viaje han estado estrechamente relacionados desde el inicio de su historia. Hace siglos era encrucijada de encuentros entre diferentes tribus indígenas. A principios de siglo veinte se establecía aquí el cruce más importante de vías de tren fuera de la ciudad de Brisbane. Obreros de todo Queensland se agolpaban en los pequeños cottages de obrero para alcanzar de madrugada todas las direcciones de un tren en busca de pan, entre los bananeros o en las simas de una mina. Después llegaron los extranjeros. Primero fueron los rusos. Después los italianos y los griegos. A continuación llegaron los serbios y finalmente yo. 
A Woolloongabba la gente llega y la gente se va. Su identidad es liminal, cambiante, como el río que lo rodea. Sus vacilantes cuestas no dejan envejecer el barrio. Su espíritu es del de un niño con el ceño fruncido y frangipani en la oreja que va silbando en la calle a la búsqueda de otra lata que patalear. Hasta que el subtrópico llega. Y dice que es hora de volver a casa.

 
1. Annerley Street

Un río serpentea                                        
se ensortija la gran sierpe                                                      
rompiendo los umbrales del
sueño del tiempo
marcando el paisaje en pozas                                    
insondables.
Cicatrices de tiempo
de sueño.

Hace doscientos años durante                                    
cuarenta mil años bajo la sombra                                                        
de los pinos de bunjia                                                                         
se unían los pasos de los Jagera
y los Turrbal junto al ondulante cauce.

Cientos de guerreros se agolpaban
bajo los árboles para dejar a la guerra hablar.
El equidna escuchaba.
El pardo emú pateaba el terruño pardo.
Nube de rojo.
La kookaburra ríe en la rama.

El viaje ha sido largo.
La maleta se ha descosido




2. Stanley Street

Dice que Queensland es líquida en textura y expansión.  
Woolloongabba es curvilínea, meliflua y se expande
 en el tiempo y el espacio de las maneras más inesperadas. 
Por el norte se estira en lengua de roca e iglesia hasta Kangaroo Point.
Por el este se achata logrando tocar la Grecia de 
las mil olivas especiadas con tomillo y limón en Samio’s (established in 1934). 
Al oeste la gran Madre en la colina entrega 
a la ciudad sus hijos bañados en amniótico sueño. 
Molly Jones me pone un café y el día decolora la calle a medida que se acerca a las doce.
¿Alguien puede oler los frangipanis?
El sur se desconcha en un sumidero de brazos de cemento y asfalto. 
Casitas de madera, jardín y baranda.
Tesoritos del tiempo acorralados por la modernidad. 
Y en el corazón del barrio, un enorme y eterno bostezo.




3. Fleurs Street

 La zarigüeya recorre la noche sin tocarla, flotando.
A lo largo y ancho de las infinitas
conversaciones
que se desprenden de esa cajita luminosa
en la que se lee
Telstra en neón y naranja.
Recorre los versos de una canción
extraña
extrañada.
Son las 22:04 en la calle
¿qué hora será en Beijing? ¿O en Sri Lanka?
Ya llevan hablando dos horas? ¿Y esta gente no cena?
Miles de trazos de tubo negro
y cable dibujan
[quiebran] el cielo estrellado.
Red inconexa de conversaciones desoídas
desde el letargo
del balcón de madera.
¿A dónde irán a parar todas esas palabras?
¿A dónde irán a parar todas esas lágrimas?




4. School Street

Viento del oeste
sacudiendo las torres de luz
en la distancia
frío tejado ondulado de lata
tarareando la música de las                                    
primeras gotas
de lluvia de un recuerdo de verano.

Papaya podrida en el jardín de Angello.

El río le pone un lazo a la ciudad
Y  tu pelo negro
negra
la noche
cubre
la calle
y la pone a dormir.



5. Ross Sreet


El filo de la tijera apura
la mirada afilada
mientras me susurra
historias que no escucho

mi abuelo era un cosaco
de Moldavia [o Rumania]
que tenía un pueblo bajo la                                                                       
hoja de su sable.

dice –entre tijeretazos—
que el edificio esta lleno de                                                                          
termitas.
Y que el Princess ha                                                      
concebido a más de un vecino                                                                        
del barrio.
En la oscuridad de las butacas
todavía
se puede oler la                                                                        
humedad de la vetusta madera
y el algodón de azúcar en la tela y el semen
todavía
Gabriela da otro                                                                                                              
tijeretazo y un rizo


cae.



6. Logan Road


Se viste
lentamente
las sábanas yacen deshechas
calientes
húmedas
las piernas se dejan acariciar
por el sol de las 7.27 a.m.

Se coge el vientre
mira por la ventana.
La calle yace desmenuzadita
entre zanjas y chalecos
de colores.

Los hombres perforan
la mañana y el sudor
cala el asfalto
de sus frentes

las manos hinchadas
se cogen el vientre

‘esta vez sí’

se dice
mientras mira por la ventana
de luz
de zanjas
de colores.




7. Park Road West


La encuentras
de espaldas a la tarde
su pelo negro dibuja el viento
su silueta recorta la calle.

Os saludáis
mirando el asfalto
os decís que hace demasiado calor                                                      
para ser primavera

Un coche verde té verde
se adelanta a tu pregunta
y de la oscuridad del interior
os mira el conductor

¿te he presentado a Michael?

Estrecha tu mano su mano
firme, áspera, recia
y te preguntas cómo debe ser tocar
la curva de su cadera
el pliegue de sus rodillas
los senos de su mañana
con las manos de otro hombre.




8. Merton Road

Columna de tiempo
que jorobea suave
Queenslanders de baranda y frangipani

Espina dorsal del otro lado
sur
que se levanta en jardín sin niños
tarde mojada
de sueño y sudor.

Los más viejos la recuerdan
tendida
en el suelo inmóvil
su blanco pelo agarrado al asfalto.

Vivía en la casa de lo alto.
En la más bonita. La que tiene el columpio colgado en el rododendro

Inmóvil.

La vieja yace a la espera de las sirenas
acurrucadita
acurrucadita en su cama
de sangre y cuesta.



9. Abingdon Road

Clases de piano y canto
a través de la ventana
que descubre secretos decapitados.
Jill intenta alcanzar el sol sostenido
en un pentagrama atrapado entre
el visillo y las nubes de febrero.
Hanna retuerce los pies como cuando
en el colegio le preguntaban la tabla del dos
tantra matemático en clave de fa.
Jess se estira y juega con los lazos
de su vestido negro en su espalda.
Su madre la contempla desde su
mórbida y hierática presencia
desparramada en el sofá de gamuza verde.
Cada semana a la misma hora
se suceden las visitas en la pequeña habitación
de música.
Cada semana, en hilera de deseos, sueños,
hexacordos y corcheas.




10. Heaslop Street

La noche
caída
sobre la parcela huérfana
sabe a veneno.
El socavón de
lodo y piedra
se abre desquijado
desvelando
las vidas que ya fueron
que no son.
Una silueta descolorida
acompasa la sordera
del espacio
y escupe en la zanja.
No sabe que de su saliva
y del oscuro detrito
nacerá un
cerezo.

1 comentario:

  1. querido hermitaño de tu talento, por fin re- comienzas a salir... y el teatro te espera,aún... que Dios te bendiga.
    ( ahh... y me han encantado todos los escritos)...
    Erick

    ResponderEliminar