Postal 8: Iglesia de los Capuchinos, Sicilia.


Rosalía Lombardo tiene la misma edad que mi segundo hijo. En realidad llevaba esperándome 87 años embadurnadita de zinc y oscuridad. En las fríos pasillos de las catacumbas capuchinas la bella durmiente saluda sin mirarte a los ojos. Uno puede notar como desde las cuencas ciegas de los ilustres notarios, abogados y médicos, la sorda envidia recae en el cuerpo de esta niña tocada, hace años, por la neumonía. Una vecina del Corso Calatafimi me contaba como Rosalía tenía una hermana gemela que la sobrevivió. Que la visitaba todos los días y que se veían las dos reflejadas en injusto espejo. Una en silencio y con tirabuzón de oro, soñaba con el palpitante alarido del sol meridiano. La otra, con el pelo cano, lloraba la letárgica belleza y la placidez inmortal que hacía tanto que había abandonado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario