poema de un viejo enfermo

en una habitación del hospital (212, 282, 229?)
de cuyo número no logro acordarme
yace Don Miguel Moyà Ribas, caballero cartujo
maniatado
verbilocuaz
patirroto
desnudo

Eduardito cambia las cerraduras que toda la noche han estado entrando y saliendo de tu casa y se han llevado el reloj de la cocina…

sentado en su oscilante cama
arriba: Jaito corre con dos monjas alrededor de la habitación mientras entre risas juegan con las mordazas y complotan contra el impaciente paciente.
No Gerardito, no te daré una peseta más
abajo: Luís y Marianna salen de la nevera y con helado gesto y mirada desafiante le ofrecen el manifiesto comunista
no, y yo que soy muy temerario me levanté, así como me ves, y me escondí detrás de la cama
el día es oscuro y la noche clara en la sastrería en medio de la cual se yergue un árbol enchufado al suero y al insuflante oxígeno mientras Marta y el tío Gerard bailan entre lágrimas una polca y papá busca una tumba por los pasillos
sacadme de este atolladero!
Abuelito estás en el hospital
Si pero estas camisas son de muy mala calidad
en la habitación 229
¿y a qué día estamos?
a miércoles
mañana es jueves ¿no es así?

le doy de beber (alcohol) a su pierna rota lo que le calma hasta el medio silencio
y me despierta desnudo (yo) (y él) aquijotado con la sonda por traje y el inhalador nasal de visera
los dientes vivos quieren salirse de su boca en hilarante escapada, dental caballo en
fuga

Gerardito ahora que se han ido las monjas ayúdame a escapar

abuelito estás en el hospital
Si pero estos pijamas no me gustan y nos tenemos que ir al hospital que hacemos tarde
la puerta se cierra
esta si que m’es buena, no llevo puestos los zapatos…
el silencio abraza al abuelo Miquel en su delirante cama-aeronáutica mientras
el barbero afila su hoja antes de cortar

a lo lejos suena el
tic tac
de su extraviado reloj
de cocina

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